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Riego: la audacia paga con creces

“Es alentador que los funcionarios nacionales y provinciales hablen de riego y adviertan que lo que hace falta es crédito.”

Todavía no entramos en el período más crítico para el balance hídrico y el Ministerio de Agroindustria de la Nación ya advirtió que hay “zonas de sequía” y bajas reservas de humedad para el maíz en la zona núcleo agrícola. Ante esta señal cabe esperar un verano complicado y es buen momento para preguntarse por el estado de las herramientas de riego. 

Este no está siendo el mejor año. Con la economía congelada, fueron pocos los que se animaron a realizar inversiones en proyectos de irrigación y la industria nacional tuvo que hacer malabares para sobrevivir. 

Pero tratándose de agua es mejor mirar el vaso medio lleno. En las últimas semanas fueron varias las señales que hablan de una toma de conciencia por parte del Gobierno nacional sobre la importancia del riego en nuestro país. 

Ya se habían visto buenas intenciones en la elaboración del Plan Nacional de Riego, que aspira a pasar de las 2,1 millones de hectáreas que se riegan actualmente a 4 millones de hectáreas regadas en 2030. El conocimiento y la tecnología para lograrlo están a la orden del día, pero la traba está en la ausencia de herramientas financieras específicas. Y el Gobierno lo sabe. 

Durante la presentación del Informe de Estabilidad Financiera del segundo semestre de 2016, el presidente del Banco Central Federico Sturzenegger expresó la voluntad de incluir a los sistemas de riego entre los destinatarios de créditos en dólares. “Habilitamos la posibilidad de que un productor agropecuario pueda tomar un crédito en dólares, ha habido un crecimiento muy grande de este tipo de financiamiento para esta cosecha. 

Pero, por ejemplo, una operación que no podría hacerse es la inversión en una empresa que hace sistemas de riego para el campo, porque ese ya es un proveedor del productor. Es una inversión grande pero que puede aumentar un 30 por ciento el valor de la producción. Hoy no hay disponibilidad de crédito a largo plazo y a tasas bajas para ese segmento, me parece que es un tema para abordar, lo estamos pensando”, dijo el funcionario. 

Como punto de comparación se puede observar las políticas de Uruguay y Brasil. En Uruguay, el Banco República con el auspicio de la Asociación de Productores de Leche (ANPL) facilita a los productores créditos con plazos de hasta 18 años. En Brasil, a través de programas como Moderinfra, Prodeste y Provarzeas se otorgan créditos con plazos hasta 12 años con hasta 36 meses de gracia y tasa de interés de un dígito en moneda local. Lógicamente, estos programas se realizan con fondeo del presupuesto soberano de cada país. 

En Argentina, donde el agro dispone de un mayor impacto fiscal positivo, el impulso a esta herramienta debería tener una mirada todavía más audaz. En verdad debería ser todo lo audaz para que el actor agrícola sume al riego en su agenda de inversiones masivamente.

A Brasil le llevó casi 30 años incorporar 4,5 millones de hectáreas bajo riego. La audacia está en que un proyecto de riego se repaga por impacto fiscal en no más de 3 años y además queda el recupero del crédito. 

Recientemente, en la Reunión Internacional de Riego realizada en el INTA Manfredi, el especialista Mariano Laffaye afirmó que falta información nacional para el desarrollo del riego, y detalló: “Hasta el momento, la principal herramienta financiera disponible son los créditos con tasa subsidiada del Banco Nación, que se otorgaron concretamente a 13 proyectos por un valor total de 40,6 millones de pesos y abarcan un área total de 1.135 hectáreas”. Suena insuficiente en comparación con los objetivos. 

Es alentador que los funcionarios nacionales y provinciales hablen de riego y adviertan que lo que hace falta es crédito, pero hay que pasar de la palabra a la acción para desarrollar herramientas concretas que estén al alcance del productor. 

El poder transformador del riego es innegable. En la Cooperativa Agrícola de Avellaneda, en el norte de Santa Fe, pasaron de tener rindes de 37 quintales por hectárea de maíz en secano a cosechar 101 quintales por hectárea. En soja, pasaron de 16,5 a 35 quintales por hectárea y en trigo fueron de 18 quintales en secano a 42 quintales por hectárea con riego. 

Las cifras son elocuentes. Queda esperar que tras el verano las cuentas públicas tomen temperatura y las inversiones vuelvan a fluir por los pivotes, beneficiando así a la producción agrícola, a la industria y a toda la economía nacional. 

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